Según múltiples estudios clínicos, su consumo regular puede reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y mejorar la sensación general de calma y bienestar.
Un ensayo clínico aleatorizado publicado en Indian Journal of Psychological Medicine (2012) mostró que la suplementación con extracto de ashwagandha durante 60 días redujo significativamente los niveles de cortisol y los síntomas de estrés en adultos con estrés crónico. Asimismo, una revisión sistemática publicada en Journal of Alternative and Complementary Medicine concluyó que la ashwagandha puede mejorar la resistencia al estrés, disminuir la ansiedad y favorecer un mejor estado emocional (Pratte et al., 2014).
Diversas investigaciones han evaluado el efecto de la ashwagandha sobre el sueño y la relajación. La evidencia sugiere que esta planta puede favorecer un sueño más profundo y reparador, debido a su acción moduladora sobre el sistema nervioso.
Un ensayo clínico aleatorizado publicado en Cureus (2020) evaluó a 80 adultos con problemas de sueño y encontró que 300 mg de extracto de ashwagandha dos veces al día durante 8 semanas mejoraron significativamente la calidad del sueño, la latencia (tiempo para quedarse dormido) y los niveles de ansiedad (Deshpande et al., 2020).
La ashwagandha ha sido estudiada por su capacidad para favorecer la función cognitiva, especialmente en aspectos como memoria, atención y velocidad de procesamiento mental. Estos efectos se atribuyen a sus propiedades adaptógenas y antioxidantes, que ayudan a reducir el estrés oxidativo y mejorar el equilibrio neuroquímico.
Un ensayo clínico aleatorizado publicado en Journal of Dietary Supplements (2017) evaluó a adultos con dificultades leves de memoria y encontró que, tras 8 semanas de suplementación con extracto de ashwagandha, hubo mejoras significativas en memoria inmediata, atención y velocidad de procesamiento.
La ashwagandha es reconocida por su capacidad para apoyar el equilibrio emocional, especialmente en períodos de alta carga mental, estrés o cambios hormonales. Su acción adaptógena ayuda a regular la respuesta del cuerpo al estrés, lo que se traduce en una sensación mayor de estabilidad y bienestar general.
Un ensayo clínico randomizado publicado en Indian Journal of Psychological Medicine mostró que la ashwagandha redujo significativamente los niveles de cortisol —la principal hormona del estrés— después de 60 días de suplementación, favoreciendo un estado emocional más equilibrado (Chandrasekhar et al., 2012).
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